Martin Eden
Martin Eden —Hace unos dĂas leĂ en el periĂłdico —dijo Ruth con brusquedad— que habĂa habido varios nombramientos en el cuerpo de correos ferroviario. TĂş aprobaste con el nĂşmero uno, Âżno?
Martin se vio obligado a admitir que le habĂan ofrecido un puesto, pero que lo habĂa rechazado.
—Tengo tanta confianza… tanta confianza… en mà —concluyó—. Dentro de un año estaré ganando más que doce funcionarios de correos. Espera y verás.
—¡Oh! —se limitó a decir Ruth cuando terminó; se levantó, poniéndose los guantes—. He de irme, Martin. Arthur me espera.
Él la estrechó entre sus brazos y la besó, pero la respuesta de ella fue muy pasiva. No afloró la tensión en su cuerpo, sus brazos no le rodearon, y sus labios no presionaron los suyos como de costumbre.
Estaba enfadada con Ă©l, decidiĂł Martin despuĂ©s de acompañarla hasta la entrada. Pero Âżpor quĂ©? Era una lástima que el empleado municipal se hubiera llevado las vacas de Maria. Pero habĂa sido un golpe de mala suerte. Nadie tenĂa la culpa. Y tampoco le parecĂa posible haber obrado de otro modo.
«Bueno, sĂ, tenĂa un poco de culpa —pensĂł a continuaciĂłn—, pues habĂa rechazado el puesto en el servicio de correos ferroviario. Y a ella no le habĂa gustado “Wiki-Wiki”».