Martin Eden
Martin Eden No entendÃa de qué hablaban. Pero tampoco era necesario. Algunas palabras como revolución le servÃan de pista. De igual modo que un paleontólogo es capaz de reconstruir un esqueleto entero a partir de un hueso fosilizado, él era capaz de reconstruir un discurso entero a partir de la palabra revolución. Lo hizo aquella noche, y lo hizo bien; y, como Martin era quien habÃa levantado más revuelo, puso en boca suya el discurso y le convirtió en el mayor anarquista del espectáculo, transformando su individualismo reaccionario en la expresión más ominosa e incendiaria del socialismo. El periodista novato era un artista, y supo plasmar con gruesas pinceladas el colorido de la escena: hombres de pelo largo y mirada salvaje, hombres de aspecto neurasténico y degenerado, voces encendidas por la pasión, puños en alto; y todo proyectado sobre un fondo de gritos y juramentos, y del ronco estruendo de unos hombres indignados.