Martin Eden
Martin Eden Dio la casualidad de que un periodista novato estaba entre el público, buscando un poco de sensacionalismo después de un día sin noticias. No se trataba de un joven brillante. Tan sólo era elocuente y superficial. Le faltaba inteligencia para seguir la discusión. De hecho, tenía el agradable sentimiento de ser infinitamente superior a aquellos verbosos fanáticos de clase obrera. Le inspiraban, asimismo, un profundo respeto quienes ocupaban cargos destacados y dirigían la política de las naciones y de los periódicos. Además, tenía un ideal; a saber: alcanzar la excelencia del reportero perfecto, capaz de sacar algo… incluso mucho… de la nada.