Martin Eden
Martin Eden «La demora» seguía olvidada sobre la mesa. Todos los escritos que había enviado se amontaban debajo de ella. Sólo continuaba su peregrinaje «Las cosas efímeras» de Brissenden. Su bicicleta y su traje negro estaban empeñados, y los que le alquilaban la máquina de escribir reclamaban nuevamente su dinero. Pero esas cosas ya no le preocupaban. Estaba buscando un nuevo rumbo, y, hasta que lo descubriera, su vida debía detenerse.
Después de varias semanas, ocurrió lo que había estado esperando. Se encontró con Ruth en la calle; aunque es cierto que le acompañaba su hermano Norman, y que los dos trataron de ignorarle, y que Norman intentó en vano que se hiciera a un lado.
—Si molestas a mi hermana, llamaré a un policía —le amenazó—. No desea hablar contigo, y tu insistencia es una ofensa.
—Si te empeñas, tendrás que llamar a ese policía, y tu nombre aparecerá en los periódicos —contestó Martin con gravedad—. Y ahora apártate de mi camino y, si quieres, ve a buscar al policía. Voy a hablar con Ruth. Quiero escuchar la respuesta de tus labios —le dijo a ella.
Ruth estaba pálida y temblorosa, pero levantó la cabeza y le miró inquisitivamente.
—La respuesta que te pedí en mi carta —aclaró él.
