Martin Eden
Martin Eden Estaba oscureciendo y casi todo el mundo se había ido. Pero, cuando Martin y Lizzie salieron de entre los árboles, encontraron a sus amigos esperándoles. Martin comprendió en seguida lo que eso significaba. Los problemas se avecinaban. Los muchachos serían sus guardaespaldas. Salieron del parque seguidos de otra banda, los amigos que el joven acompañante de Lizzie había reclutado para vengar la pérdida de su dama. Varios policías y agentes especiales, previendo la pelea, se unieron a ellos para impedirla, y los agruparon en distintos vagones en el tren que se dirigía a San Francisco. Martin le dijo a Jimmy que se bajaría en la estación de la calle Dieciséis para coger el tranvía hasta Oakland. Lizzie estaba muy callada, y parecía indiferente al peligro que les amenazaba. El tren se detuvo en la estación de la calle Dieciséis, y vieron cómo el conductor del tranvía tocaba impacientemente la campanilla.
—Allí está —exclamó Jimmy—. Corred, tenéis que cogerlo; nosotros les detendremos. ¡Venga! ¡Que no se os escape!
La banda enemiga se quedó unos momentos desconcertada por la maniobra, luego bajó del tren en su persecución. Los serios y formales pasajeros del tranvía apenas se dieron cuenta de que dos jóvenes subían corriendo y se sentaban delante, en la parte exterior. No relacionaron a la pareja con Jimmy, que saltó al estribo y gritó al conductor: