Martin Eden
Martin Eden Los directores le decían que impusiera él sus condiciones, y él lo hacía, pero siempre con trabajos realizados anteriormente. Se negaba a escribir algo nuevo. La idea de volver a coger la pluma le trastornaba. Había visto cómo la multitud destrozaba a Brissenden, y, aunque ésta le aclamase, no podía superar aquella conmoción emocional ni sentir el menor respeto por los lectores. Su mismo éxito le parecía una deshonra y una traición a Brissenden. Le horrorizaba, pero quería el dinero.
Recibía cartas como la siguiente:
Hace un año tuvimos la desgracia de rechazar su colección de poemas de amor. En aquel momento nos causaron una gran impresión, pero ciertos compromisos anteriores nos impidieron aceptarlos. Si todavía están en su poder y tiene la amabilidad de enviárnoslos, estaremos encantados de publicar la colección completa con las condiciones que usted estipule.