Martin Eden
Martin Eden —Escucha, Joe —con estas palabras recibió a su viejo compañero de trabajo a la mañana siguiente—, hay un francés en la calle Veintiocho que ha ganado un montón de dinero y quiere volver a su paÃs. Tiene una lavanderÃa de vapor, pequeña, elegante y muy bien equipada. SerÃa un buen comienzo para ti si quieres establecerte. Toma, coge esto; cómprate ropa y preséntate en la oficina de este individuo a las diez. Él se ha encargado de buscarme la lavanderÃa, y te acompañará para que la veas. Si te gusta y crees que el precio está bien —son doce mil dólares—, me lo dices y serás su propietario. Y ahora márchate, estoy ocupado. Te veré más tarde.
—Espera un momento, Martin —respondió Joe lentamente, con creciente indignación—. He venido esta mañana para verte, ¿entiendes? No he venido a comprar ninguna lavanderÃa. He venido para hablar con un viejo amigo, y tú me tiras una lavanderÃa a la cabeza. Te diré lo que puedes hacer. Coge esa lavanderÃa y ¡vete al infierno!
Se disponÃa a salir de la habitación cuando Martin le cogió por el hombro y le obligó a dar media vuelta.
—Oye, Joe —dijo—; si te comportas asÃ, te pegaré un puñetazo en toda la cabeza. Y, como somos viejos amigos, te lo daré bien fuerte. ¿Entiendes? Vas a ir, ¿verdad?
