Los lobos transmiten mi nombre en sus conferencias de medianoche, y esa Voz sutil y tranquila me llama de lejos. Y una Voz mucho más próxima me gritará al oído con impía impaciencia. El peso de mi alma decidirá cuál será el lugar final de mi reposo. Antes de que llegue la hora, debo escribir todo lo que pueda sobre los horrores que acechan Fuera y que aguardan ante la puerta de cada hombre, porque este es el arcano antiguo que ha sido legado desde tiempos remotos, pero que fue olvidado por todos, con la excepción de unos pocos, que son los adoradores de los Antiguos (¡que sus nombres sean borrados de la existencia!).
Si no completo esta misión, tomad lo que haya aquí y descubrid el resto, porque queda poco tiempo y la humanidad no conoce ni entiende el mal que le espera desde todos lados, desde cada Pórtico abierto, desde cada barrera rota, desde cada acólito sin mente que hay en los altares de la locura.
Porque éste es el Libro de los Muertos. El libro de la Tierra Negra, que yo he escrito arriesgando mi vida, de forma exacta a
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como lo recibí en los planos de los IGIGI, los crueles espíritus celestiales que existen más allá de los Peregrinos de los Yermos.