El alquimista y otros relatos
El alquimista y otros relatos Guardaba el cálculo más cuidadoso de mi edad exacta, aun de los dÃas y horas, ya que cada oscilación del péndulo del gran reloj de la biblioteca desgranaba una pizca más de mi condenada existencia. Al final estuve cerca del momento tanto tiempo contemplado con aprensión. Dado que la mayorÃa de mis antepasados fueron abatidos poco después de llegar a la edad exacta que tenÃa el conde Henri al morir, yo aguardaba en cualquier instante la llegada de una muerte desconocida. En qué extraña forma me alcanzarÃa la maldición, eso no sabÃa decirlo; pero estaba decidido a que, al menos, no me encontrara atemorizado o pasivo. Con renovado vigor, me apliqué al examen del viejo castillo y cuanto contenÃa.