El alquimista y otros relatos
El alquimista y otros relatos En tal tesitura, mi cerebro comenzó a abrirse a una lenta influencia externa que operaba sobre mí. Cerré los ojos para concentrar más mis pensamientos y me vi recompensado por el conocimiento real de que el mensaje mental, por tanto tiempo esperado, llegaba por fin. Cada idea transmitida se formaba con rapidez en mi mente y, aun cuando no se utilizaba ningún idioma actual, mi habitual asociación de conceptos y expresiones resultaba tan grande que me parecía recibir el mensaje en inglés vulgar.