El alquimista y otros relatos
El alquimista y otros relatos Casi al lÃmite de la visión habÃa una colosal palmera que parecÃa fascinarme y reclamarme. En este momento, el asombro y la huida de la penÃnsula condenada habÃan, con mucho, disipado mi temor, pero cuando me detuve y me desplomé fatigado sobre el sendero, hundiendo ociosamente mis manos en la cálida arena blancuzco-dorada, un nuevo y agudo sonido de peligro me embargó. Algún terror en la alta hierba sibilante pareció sumarse a la del diabólico mar retumbante y me alcé gritando fuerte y desabridamente.
—¿Tigre? ¿Tigre? ¿Es un tigre? ¿Bestias? ¿Bestias? ¿Es una bestia lo que me atemoriza?