El color surgido del espacio
El color surgido del espacio Hacia finales de junio llegó la grabación fonográfica, remitida desde Brattleboro, pues Akeley no confiaba en la seguridad que pudiera ofrecer el ramal que discurría al norte de dicha ciudad. Empezaba a tener cada vez más sospechas de que era espiado, sensación esta que se agravó debido a la pérdida de algunas cartas, y hablaba continuamente acerca de las insidias de ciertas personas a las que consideraba instrumentos y agentes de los seres ocultos. De quien más sospechas albergaba era del desabrido granjero Walter Brown, que vivía solo en una ruinosa vivienda de la ladera que daba a los frondosos bosques y que era visto a menudo haraganeando por las esquinas de Brattleboro, Bellows Falls, Newfane y South Londonderry, del modo más inexplicable y sin razón aparente alguna. Akeley estaba convencido de que la voz de Brown era una de las que en cierta ocasión oyó en el curso de una horripilante conversación; además, en otro momento vio una huella de pisada o de zarpa en los aledaños de la casa de Brown, lo que juzgó un siniestro presagio. Curiosamente, cerca de ella había huellas de pisadas de Brown… pisadas enderezadas hacia la casa.
