El color surgido del espacio
El color surgido del espacio El miércoles me puse en camino, tal como habÃamos acordado, llevando por todo equipaje una maleta llena de objetos personales y material cientÃfico; es decir, la horrible grabación fonográfica, las fotografÃas y toda la correspondencia mantenida con Akeley. Siguiendo las instrucciones, no le dije a nadie adónde iba; me daba perfecta cuenta de que todo aquello requerÃa la máxima discreción, aun por muy favorablemente que evolucionase. La sola idea de un auténtico contacto mental con entes extraños procedentes del mundo exterior no dejaba de resultar prodigiosa para una mente preparada, e incluso un tanto predispuesta, como la mÃa. ¿Cuál seria, pues, su efecto sobre la masa de profanos sin ningún conocimiento sobre la materia? No sé qué sentimiento predominaba en mÃ, si el temor o la expectación ante lo desconocido, cuando, tras cambiar de tren en Boston, me adentré en dirección oeste dejando atrás un territorio conocido. Waltham… Concord… Ayer… Fitchburg… Gardner… Athol…
