El color surgido del espacio
El color surgido del espacio No me pregunten cuánto duró mi inesperado adormecimiento, ni lo que de puro sueño hubo en lo que aconteció después. Si les dijera que me desperté a determinada hora y que pude oír y ver ciertas cosas insospechadas, ustedes se limitarían a decirme que no era cierto, que no me había despertado; que todo fue un sueño hasta el momento en que salí corriendo de la casa, me dirigí dando tumbos al cobertizo donde había visto el antiguo Ford y emprendí una enloquecida carrera sin rumbo fijo en el veterano vehículo por aquella hechizada comarca montañosa, hasta llegar —tras horas de continuo traquetear y sortear curvas por siniestros laberintos cubiertos de bosques— a un pueblo que resultó ser Townshend.
