El devorador de fantasmas
El devorador de fantasmas Eran algunos sándwiches insÃpidos, un pedazo de pastel rancio y una botella de vino muy flojo; aun no siendo un suntuoso festÃn, fue bastante bienvenido por alguien en mi estado de acalorado agotamiento. HacÃa demasiado calor para que el fumar fuera gratificante, asà que no saqué mi pipa. En cambio, cuando hube acabado mi comida me tumbé a lo largo bajo los árboles, tratando de reposar un rato antes de emprender la última etapa de mi camino. Supongo que fui un estúpido por beber ese vino, porque, flojo como era, fue bastante para rematar el trabajo que bochornoso y opresivo dÃa habÃa comenzado. Mi plan consistÃa en una simple y momentánea relajación, pero, con apenas un bostezo de aviso, caà en un profundo sueño.
