El diario de Alonzo Typer
El diario de Alonzo Typer 22 de abril: Éste ha sido un dÃa de horribles descubrimientos. Exploré de nuevo el ático cubierto de telarañas y descubrà un tallado cofre medio podrido evidentemente holandés repleto de blasfemos libros y documentos mucho más antiguos que cuanto encontrara hasta ahora. HabÃa un Necronomicón griego, un Livre d’Eibon franconormando y la primera edición del antiguo libro de Ludvig Prinn de Vermis Mysteriis. Pero el manuscrito más antiguo encontrado era el peor. Estaba en bajo latÃn, lleno de extrañas y apretadas grafÃas del puño y letra de Claes Van der Heyl… evidentemente, el diario o cuaderno de apuntes que llevó entre 1560 y 1580. Cuando solté los ennegrecidos cierres de plata y abrà las hojas amarillentas, un dibujo coloreado se agito ante mÃ… una monstruosa criatura parecida, aunque no demasiado, a un calamar con pico y tentáculos, con grandes ojos amarillos y con cierta abominable semejanza de contornos a la forma humana. Nunca antes habÃa vi a un ser tan nauseabundo y espantoso. En zarpas, pies y cabeza tentaculada habÃa curiosas garras que recordaban las colosales siluetas espectrales que tan horriblemente se interponÃan en mi camino, mientras que la entidad se sentaba sobre un pedestal con aspecto de trono tallado, con desconocidos jeroglÃficos que tenÃan un leve parentesco con los chinos. Tanto sobre el escrito como sobre la imagen pendÃa un aire de maldad siniestra tan profunda y penetrante que no puede creerlo producto de cualquier mundo o edad. Más bien, esta forma monstruosa debÃa ser un foco de toda la maldad del espacio desconocido, tanto de eones pasado como los por venir… y aquellos terribles sÃmbolos debÃan ser viles iconos, sensibles y dotados de enfermiza vida, a su manera, listos para arrancarse del pergamino para destrucción del lector. Del significado de ese monstruo y sus jeroglÃficos no tengo pistas, pero sé que ambos han sido trazados con infernal precisión para propósitos innombrables. Mientras estudiaba los maléficos caracteres, su parentesco con los sÃmbolos de aquel ominoso cerrojo del sótano se hizo más y más evidente. Dejé el retrato en el ático, ya que nunca podrÃa conciliar el sueño con una cosa asà cerca de mÃ.