El Intruso
El Intruso Fuera, cruzando el foso putrefacto, me tendía a veces bajo los árboles oscuros y silenciosos y soñaba por espacio de horas con lo leído en los libros, y me imaginaba anhelante entre alegres multitudes, en el mundo iluminado por el sol que se encontraba más allá de la fronda interminable. Una vez intenté escapar del bosque, pero conforme me alejaba del castillo las sombras iban haciéndose más oscuras y el miedo se colmaba de un espanto acechante; así que volví corriendo frenético antes de perderme en un laberinto de silencio nocturno.
Así que yo soñaba, esperando entre interminables crepúsculos, aunque no sabía el qué. Luego, en mi sombría soledad, el ansia de luz se volvió tan frenético que no pude aguardar más, y alcé suplicante las manos hacia la solitaria torre negra en ruinas que se remontaba sobre el bosque hacia el ignoto cielo exterior. Y al fin me decidí a escalar esa torre, aun a riesgo de caer, ya que prefería vislumbrar el cielo y morir que vivir sin contemplar jamás la luz del día.
