El terror en la literatura
El terror en la literatura En la década de los treinta del siglo XVIII tuvo lugar un alumbramiento literario que afectó directamente no sólo a la historia de la narrativa sobrenatural, sino del relato breve en general, e indirectamente moldeó las tendencias y designios de una gran escuela estética europea. Contamos con la gran suerte como norteamericanos de poder atribuirnos ese alumbramiento como propio, ya que llegó de la mano de nuestro más ilustre y desafortunado compatriota Edgar Allan Poe. La fama de Poe ha sido objeto de curiosas oscilaciones, y ahora es una moda entre la «intelectualidad avanzada» minimizar su importancia tanto como artista como influencia; pero serÃa difÃcil para cualquier crÃtico maduro y reflexivo negar el tremendo valor de su obra y la seductora potencia de su mente en tanto que fundador de perspectivas artÃsticas. Cierto, su clase de perspectiva podrÃa haberse previsto; pero él fue quien primero se dio cuenta de sus posibilidades y le dio una forma suprema y una expresión sistemática. También es cierto, otros escritores posteriores pueden haber creado historias mejores que las suyas, pero de nuevo debemos entender que no fue otro sino él quien les enseñó con el ejemplo y preceptos el arte que ellos, con el camino despejado y en posesión de una guÃa explÃcita, quizá fueron capaces de llevar aún más lejos. Más allá de sus limitaciones, Poe hizo lo que nadie más habÃa o podrÃa haber hecho jamás, y a él le debemos la historia de terror contemporánea en su estado final y perfeccionado.