El terror en la literatura
El terror en la literatura Estas extravagantes concepciones, tan peligrosas en manos no aptas, se convierten, bajo el encantamiento de Poe, en convincentes y vívidas historias de terror que acechan nuestras noches; y todo gracias a que el autor comprendió tan perfectamente la misma mecánica y fisiología del miedo y la extrañeza: los detalles esenciales a enfatizar, las incongruencias precisas y los conceptos a elegir como preliminares o hechos concomitantes al terror, los incidentes y alusiones exactos para lanzar anticipada e inocentemente como símbolos o prefiguraciones de cada paso importante hacia el espantoso dénouement venidero, los sutiles encajes de la fuerza acumulativa y la precisión inmaculada al enlazar las partes que constituyen una impecable unicidad global y la atronadora efectividad en el momento del clímax, las delicadas nimiedades de los valores escénicos y paisajísticos seleccionadas para establecer y mantener el estado anímico deseado e infundirle vida a la fantasía deseada; principios de esta clase, y docenas de otros más oscuros que son demasiado elusivos para ser descritos o incluso comprendidos del todo por cualquier comentarista corriente. Es posible que haya melodrama y falta de sofisticación —nos dice un francés que no podía soportar leer a Poe excepto en la traducción urbana y cargada de galicismos de Baudelaire—, pero todas las trazas de tales rasgos están completamente eclipsadas por un potente e innato sentido de lo espectral, lo morboso y lo horrible que mana a borbotones de cada célula de la mentalidad creativa del artista y queda impreso en su macabra obra con la imborrable huella del genio supremo. Las historias sobrenaturales de Poe están vivas de un modo que muy pocas pueden aspirar a estarlo nunca.