El terror en la literatura
El terror en la literatura Se puede hallar material de terror de auténtica fuerza en la obra de la realista de Nueva Inglaterra Mary E. Wilkins, cuyo volumen de relatos cortos, The Wind in the Rosebush, contiene una serie de logros notables. En «The Shadows on the Wall» se nos muestra con una consumada destreza la respuesta de una seria casa de Nueva Inglaterra a una misteriosa tragedia; y la sombra sin origen conocido del hermano envenenado nos predispone para el momento del clímax cuando la sombra del asesino desconocido, que se ha suicidado en una ciudad vecina, de repente aparece a su lado. Charlotte Perkins Gilman, en «El empapelado amarillo», se eleva a la categoría de clásico al perfilar sutilmente la locura que se apodera de una mujer que reside en una habitación horriblemente empapelada donde tiempo atrás confinaron a una loca.
En «The Dead Valley», el eminente arquitecto y medievalista Ralph Adams Cram alcanza un memorable grado de potencia de un difuso terror regional a través de sutilezas de atmósfera y descripción.