El verdugo electrico
El verdugo electrico En 1889 era auditor e investigador para la Tlaxcala Mining Company de San Francisco, que gestionaba algunas pequeñas propiedades de plata y cobre en las montañas de San Mateo, en México. Había habido algún problema en la mina número 3, que tenía un hosco y escurridizo superintendente llamado Arthur Feldon, y el 6 de agosto la firma recibió un telegrama informando que Feldon había desaparecido llevándose los registros de existencias y seguridad, así como la documentación interna, sumiendo toda la labor administrativa y financiera en la absoluta confusión. Este suceso fue un duro golpe para la compañía, y a última hora de la tarde el presidente McComb me llamó A su oficina, ordenándome que recuperara los documentos a toda costa. Esto tenía, él lo sabía, grandes dificultades. Yo nunca había visto a Feldon, y sólo disponía de una borrosa fotografía para identificarlo. Además mi boda estaba fijada para el jueves de la siguiente semana a tan sólo 9 días, por lo que yo, naturalmente, me sentía poco dispuesto a lanzarme a una caza del hombre, de duración indefinida, en México. El apuro, no obstante, era tan grande que McComb se sintió justificado para encomendarme tal misión, y yo, por mi parte, decidí que aceptar tal misión merecía la pena, en vista de los beneficios que reportaría a mi posición en la compañía.
