El verdugo electrico
El verdugo electrico Estaba listo para partir esa misma noche, utilizando el coche privado del presidente para llegar a Ciudad de México, tras lo que tendría que tomar un ferrocarril de vía estrecha hasta las minas. Al llegar, Jackson, el superintendente de la número 3, podría darme detalles y posibles pistas, y entonces comenzaría en serio la persecución… a través de montañas, hacia la costa o entre los callejones de Ciudad de México, según lo requiera el caso. Partí con la hosca determinación de resolver el asunto y todas sus implicaciones tan rápido como fuera posible, suavizando mi enojo con escenas sobre un recibimiento que seria casi una ceremonia triunfal. Habiendo avisado a mi familia, novia y principales amigos, y tras unos precipitados preparativos para el viaje, me reuní con el presidente McComb a las 8 de la tarde en la estación de la Southern Pacific, recibiendo de él algunas instrucciones escritas y un talonario de cheques, partí en su vagón, que había sido enganchado al tren transcontinental del este de las 8 y 15. El viaje consiguiente parecía destinado a la irrelevancia, y tras una noche de sueño permanecí en el interior del vagón privado que tan generosamente me habían asignado, leyendo cuidadosamente los informes y esbozando planes para la captura de Feldon y la recuperación de los documentos. Conocía bastante bien el estado de Tlaxcala probablemente mejor que el fugitivo, lo que me daba cierta ventaja en la búsqueda, si éste no había utilizado el ferrocarril.
