En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Solamente la increíble e inhumana solidez de estas vastas torres y de muros había salvado al amedrentado conjunto de su total destrucción en los centenares de miles -quizá en los millones- de años que había permanecido muerto en medio de los feroces vientos de una altiplanicie yerta. «Corona Mundi» -«el Techo del Mundo»-. Toda clase de frases fantásticas acudieron a nuestros labios mientras mirábamos con vértigo el increíble espectáculo. Pensé una vez más en los primeros mitos ultraterrenos que tan persistentemente me habían venido a la mente, y obsesionado desde que vi por primera vez ese muerto mundo antártico
–los mitos de la diabólica meseta de Leng, del Mi-Go o abominable hombre de las nieves del Himalaya, de los manustcritos pnakóticos con sus implicaciones prehumanas, del culto de Cthulhu, del Necronomicón, de las leyendas hiperbóreas del informe Tsathoggua y del engendro estelar peor que informe asociado con esa semientidad.