En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Pero al fin encontramos exactamente la entrada deseada, un arco de unos seis pies de anchura y diez de altura que se alzaba en el extremo anterior dé un puente elevado que había cruzado en tiempos sobre una callejuela y que quedaba ahora como a cinco pies de altura sobre el actual nivel del suelo helado. Estos arcos, naturalmente, se hallaban al nivel de los pisos altos, y, en este caso, todavía existía uno de aquellos pisos. El edificio al que así podía accederse consistía en una serie de terrazas escalonadas y rectangulares que quedaban a nuestra izquierda y miraban hacia el Oeste. Al otro extremo de la callejuela, donde se abría el otro arco, había Ún cilindro muy deteriorado sin ventanas y con un curioso abultamiento a unos diez pies por encima de la abertura. En el interior la oscuridad era total y el arco parecía abrirse sobre un vacío infinito.