En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Aún no podemos explicar los principios de ingeniería que se aplicaron para lograr el anómalo equilibrio y acoplamiento de aquellas inmensas masas de piedra, aunque resultaba claro que se había hecho gran uso de los arcos. Las estancias en que entramos estaban completamente vacías de cualquier objeto portátil, lo que confirmaba nuestra creencia de que la ciudad había sido abandonada deliberadamente. La principal característica de la decoración era el sistema casi universal de bajorrelieves murales que tendían a extenderse en franjas horizontales continuas de un ancho de tres pies y dispuestas paralelamente desde el suelo hasta el techo, alternando con listas de igual anchura reservadas para caprichosos dibujos geométricos. Alguna excepción había de esta disposición, pero su preponderancia era completa. No obstante, se veían con frecuencia una serie de medallones embutidos en las franjas de arabescos, pero cuyas lápidas solamente mostraban un conjunto de puntos curiosamente agrupados.