En las montañas de la locura
En las montañas de la locura El 7 de noviembre, perdida de vista por el momento la cordillera occidental, pasamos ante la Isla de Franklin y a1 día siguiente avistamos los conos de los montes Erebus y Terror de la isla de Ross, con la larga hilera de las montañas de Parry alzándose a lo lejos. Ahora se extendía hacia el Este la línea blanca y baja de la gran barrera de hielo que se elevaba verticalmente hasta una altura de doscientos pies, como los pétreos acantilados de Quebec, marcando el limite de la navegación hacia el Sur… Por la tarde entramos en la bahía de McMurdo y permanecimos apartados de la costa, a sotavento del humeante monte Erebus. El pico de escorias se recortaba con sus doce mil setecientos pies de altura sobre el cielo del Este como un grabado japonés del sagrado Fujiyama, mientras que más allá se alzaba la cumbre blanca y fantasmal del monte del Terror, de diez mil novecientos pies de altura y ahora extinto como volcán.
Desde el Erebus llegaban bocanadas intermitentes de humo y uno de los ayudantes graduados, un muchacho brillante llamado Danforth, señaló lo que parecía ser lava en la ladera nevada y comentó que esta montaña, descubierta en 1840, había inspirado indudablemente la metáfora de Poe cuando éste escribió siete años después: