En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Solamente en la casa de construcción menos remota y que contenía las tallas más decadentes conseguimos percibir vagamente la calamidad anal que llevó al abandono de la ciudad. Indudablemente, debió de haber muchas tallas de la misma época en algún otro lugar, aun teniendo en cuenta la merma de energías y aspiraciones propia de un período de tensión e incertidumbre, y, de hecho, poco después tuvimos pruebas seguras de su existencia. Mas aquél fue el primer y único conjunto que encontramos directamente. Pensábamos proseguir nuestra búsqueda más tarde, pero, como ya he dicho, las condiciones inmediatas dictaron que, por el momento, nos señaláramos otro objetivo. En cualquier caso, debían haber tenido un limite, pues cuando se extinguió entre los Primordiales toda esperanza de habitar la ciudad durante largo tiempo, hubieron de cesar por completo las labores de decoración mural. El golpe final fue, naturalmente, ‘la llegada del extremado frío que en un tiempo se adueñó de la mayor parte de la Tierra y que nunca ha abandonado los desventurados polos, el gran frío que en el otro extremo del mundo acabó con las fabulosas tierras de Lomar y de los hiperbóreos.