En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Mientras nos abríamos paso en la oscuridad a través del laberinto con la ayuda de mapa y brújula atravesando salas y corredores en diferentes estados de ruina y conservación, subiendo rampas, cruzando plantas superiores y puentes, volviendo a bajar, topando con puertas obstruidas y con montones de escombros, apresurándonos después por tramos magníficamente conservados y misteriosamente inmaculados, equivocando el camino y volviendo atrás para remediar el error (eliminando en estos casos la falsa ruta que habíamos marcado con papeles) y, alguna que otra vez, llegando al fondo de un respiradero por el que se derramaba o se filtraba tenuemente la luz del día, tuvimos que pasar de largo bajorrelieves que nos tentaban a trechos con sus imágenes. Muchos de ellos narrarían seguramente relatos de enorme importancia histórica, y solamente la perspectiva de posteriores visitas nos hizo aceptar la imposibilidad de estudiarlos detenidamente. Así y todo, algunas veces acortábamos el paso y encendíamos la segunda linterna. De haber tenido más película, es seguro que nos hubiésemos detenido brevemente para sacar fotografías de algunos de los bajorrelieves, pero la idea de copiarlos quedaba fuera de lo posible.