En las montañas de la locura
En las montañas de la locura era lo que nos había llevado, en primer lugar, a este inclemente desierto polar. Según avanzábamos vimos varios pingüinos y nos preguntamos qué distancia nos quedaría por recorrer. Los bajorrelieves nos hacían esperar un
descenso como de una milla hasta el abismo, pero nuestras primeras exploraciones nos habían hecho comprender que podíamos fiarnos plenamente de las escalas.