En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Se revelaba ahora en el lejano horizonte blanco de m4s allá de la grotesca ciudad una tenue y difusa línea de picos color violeta cuyas aguzadas cumbres se elevaban como en un sueño contra el cautivador color rosa del cielo occidental. Hacia la altura de este tembloroso borde, ascendía gradualmente la inmemorial altiplanicie, y el hundido cauce del río desaparecido la cruzaba serpeando como irregular cinta de sombra. Durante un segundo admiramos, conteniendo el aliento, la cósmica belleza sobrenatural del espectáculo, y ‘luego un vago terror comenzó a apoderarse de nosotros. Pues aquel lejano contorno violáceo no podía ser sino las terribles montañas de la tierra prohibida; y las más altas cumbres de la Tierra y el centro de todo el mal terrestre; el albergue de horrores sin nombre y de secretos arcaicos, rehuidos y respetados por quienes temían desentrañar su significado; lugares nunca hollados por ningún ser vivo terrenal, pero visitados por siniestros resplandores y transmisores de extraños haces de luz a través de las planicies en la noche polar; sin duda alguna, el desconocido arquetipo del temido Kadath en el Helado Desierto de más allá de la aborrecida Leng a la que aluden evasivamente los meros mitos legendarios.