En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Por otra parte, la preponderancia de formas muy tempranas de vida era extraordinariamente curiosa. Aunque la formación de piedra caliza, a la luz de los fósiles que contenía, tan característicos como las ventriculitas, era
indiscutiblemente comanchiense y en ningún modo anterior, entre los fragmentos sueltos que se hallaban en la oquedad había una proporción sorprendente de organismos considerados hasta ahora como propios de períodos muy anteriores, entre ellos algunos peces rudimentarios y moluscos y corales que podían clasificarse como pertenecientes a períodos tan remotos como el silúrico superior o el ordoviciense. La inevitable condusión era que en esta parte del mundo había habido un grado de continuidad excepcional entre la vida de hace más de trescientos millones de años y la de hace tan sólo treinta millones. Dilucidar hasta qué punto había persistido esta continuidad después de la era oligocénica, cuando se cerró la caverna, era algo que estaba, desde luego, más allá de cualquier conjetura. En cualquier caso, la llegada del terrible hielo del pleistoceno hace unos quinientos mil años