En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Como todos saben, en nuestro informe confirmábamos la opinión de Lake de que los grandes picos eran de pizarra precámbrica y de otros estratos arcaicos que habían permanecido inalterables por lo menos desde mediados del Comanchiense; comentábamos la regularidad de las formaciones de murallas y cubos adheridos, decidíamos que las bocas de cavernas indicaban la presencia de venas calcáreas disueltas, conjeturábamos que ciertas laderas y desfiladeros permitirían escalar y cruzar la cordillera a escaladores experimentados; y comentábamos que en la otra vertiente misteriosa existía una elevada e inmensa supermeseta tan antigua e inmutable como las propias montañas, todo ello mientras narrábamos un duro ascenso hasta veinte mil pies de altitud, con grotescas formaciones rocosas que sobresalían de una fina capa glacial y con bajas estribaciones entre la superficie general de la meseta y los precipicios cortados a pico de las cumbres más altas.