En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Este conjunto de datos es exacto en todos los sentidos y satisfizo completamente a los hombres del campamento. Achacamos el ‘hecho de no haber regresado hasta pasadas dieciséis horas -un tiempo superior al que dijimos que habíamos permanecido volando, aterrizando, reconociendo el terreno y recogiendo rocas- a imaginarios vientos adversos, y dimos noticia verdadera de nuestro aterrizaje en las estribaciones más lejanas. Afortunadamente el relato parecía auténtico y lo suficientemente trivial como para no tentar a otros a emular el vuelo realizado. Si alguien. hubiese tratado de imitarnos, yo hubiera empleado todos mis poderes de persuasión para disuadirlo -y no sé lo que Danforth hubiera hecho-. Mientras estuvimos ausentes Pabodie, Sherman, Ropes, McTighe y Williamson trabajaron incansablemente en los’ dos mejores aeroplanos de Lake, dejándolos en estado de funcionamiento a pesar de los inexplicables destrozos que se habían producido en su mecanismo.