En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Desde nuestro regreso, todos hemos procurado disuadir a los posibles exploradores de la Antártida, reservándonos ciertas dudas y suposiciones con espléndida unanimidad y fidelidad. Incluso el joven Danforth, pese a su crisis nerviosa, no ha flaqueado ni ha hecho revelaciones importunas a sus médicos -y eso que, como he dicho, ‘hay algo que cree haber visto solamente él y que ni a mí quiere contarme, aunque creo que mejoraría su estado psíquico si consintiera en hacerlo. Su revelación podría explicar y mejorar muchas cosas, aunque bien pudiera ser que no se tratara sino de imaginaciones, consecuencia de la anterior impresión. Esa es la sensación que me de jan esos escasos momentos de irresponsabilidad en que me susurra cosas incoherentes, cosas que niega con vehemencia tan pronto como recobra el dominio de si mismo.