En las montañas de la locura
En las montañas de la locura La anomalía que lo remataba todo era, naturalmente, las condiciones en que se hallaban los cadáveres, tanto los de los hombres como los de los perros. Todos se habían visto envueltos en una especie de lucha terrible y estaban desgarrados y despedazados de manera diabólica y completamente inexplicable. Por lo que pudimos colegir, la muerte había sobrevenido por lesiones o estrangulación. Era evidente que fueron los perros los que iniciaron la lucha, pues el estado de su primitivo cercado demostraba que se había roto desde dentro. Lo habían situado a cierta distancia del campamento por el odio que inspiraban a los animales aquellos infernales organismos arcaicos, pero esta precaución parece que resultó inútil. Cuando los dejaron solos en medio de aquel viento monstruoso, tras unos endebles muros de insuficiente altura, los perros debieron salir de estampía, no sé si a causa del mismo viento o excitados por un sutil olor que emanaba en cantidad creciente de aquellas criaturas de pesadilla.