Herbert West: Reanimador
Herbert West: Reanimador Fue una labor repugnante la que acometimos en la oscuridad de las primeras horas de la madrugada, aun cuando en aquella época no tenÃamos ese horror especial a los cementerios que nuestras experiencias posteriores nos despertó. Llevamos palas y lámparas de petróleo porque, si bien ya habÃan linternas eléctricas entonces, no eran tan satisfactorias como esos aparatos de tungsteno de hoy dÃa. El trabajo de exhumación fue lento y sórdido —podÃa haber sido horriblemente poético, si en vez de cientÃficos hubiésemos sido artistas—; y sentimos alivio cuando nuestras palas chocaron con madera. Una vez que la caja de pino quedó enteramente al descubierto, West bajó y quitó la tapa, sacó el contenido y lo dejó apoyado. Me incliné, lo agarré, y entre los dos lo sacamos de la fosa; a continuación trabajamos denodadamente para dejar el lugar como antes. La empresa nos puso algo nerviosos; sobre todo, el cuerpo tieso y la cara inexpresiva de nuestro primer trofeo; pero nos las arreglamos para borrar todas las huellas de nuestra visita. Cuando quedó aplanada la ultima paletada de tierra, metimos el ejemplar en un saco de lienzo y emprendimos el regreso hacia la granja del viejo Chapman, al otro lado de Meadow Hill.