Herbert West: Reanimador
Herbert West: Reanimador Nos retiramos a descansar alrededor de las once, pero yo no dormà bien. Bolton contaba con un cuerpo de policÃas sorprendentemente eficaz pese a ser un pueblo pequeño; y yo no paraba de pensar en el escándalo que se provocarÃa si llegaba a descubrir lo ocurrido la noche anterior. PodÃa significar el fin de nuestro trabajo en la localidad… y quizá la cárcel para los dos. Me inquietaban los rumores que corrÃan acerca del combate de boxeo. Pasadas las tres, el resplandor de la luna me dio en los ojos; pero me volvà sin levantarme a cerrar su persiana. Luego sonaron unos golpes enérgicos en la puerta de atrás.
Permanecà inmóvil, algo aturdido; poco después oà a West llamar a mi puerta. Estaba en bata y zapatillas, y tenÃa en las manos un revólver y una linterna eléctrica. Al ver el revólver, comprendà que pensaba más en el enajenado italiano que en la policÃa.
—Será mejor que bajemos los dos —susurró—. No estarÃa bien no contestar; quizá sea un paciente… serÃa muy propio de uno de esos idiotas llamar por la puerta de atrás.