Herbert West: Reanimador
Herbert West: Reanimador Asà que bajamos los dos, sigilosamente, con un temor en parte justificado y en parte debido sólo al misterio de las primeras horas de la madrugada. Volvieron a llamar, un poco más fuerte. Al llegar a la puerta, corrà el cerrojo cautelosamente y abrà de par en par; y al revelarnos la luz de la luna la figura que tenÃamos delante. West hizo algo muy extraño. A pesar del evidente peligro de atraer sobre nuestras cabezas la temida investigación policial —cosa que felizmente evitamos por el relativo aislamiento de nuestra casa—, mi amigo, súbita, excitada e innecesariamente, vació las seis recámaras de su revólver sobre nuestro nocturno visitante.
Porque no se trataba del italiano ni de un policÃa. Recortándose horrendamente contra la luna espectral, habÃa un ser gigantesco y deforme, inconcebible salvo en las pesadillas; una aparición de ojos vidriosos, negra, y casi a cuatro patas, cubierta de hojas y ramas y barro; sucia de sangre coagulada, la cual mostraba entre sus dientes relucientes una cosa cilÃndrica, terrible, blanca como la nieve, que terminaba en una mano diminuta.