Herbert West: Reanimador
Herbert West: Reanimador El primer incidente horrible durante nuestra amistad supuso la mayor impresión que yo habÃa llevado hasta entonces, y me cuesta tenerlo que repetir. Ocurrió, como digo, cuando estábamos en la Facultad de Medicina, donde West se habÃa hecho ya famoso con sus descabelladas teorÃas sobre la naturaleza de la muerte y la posibilidad de vencerla artificialmente. Sus opiniones, muy ridiculizadas por el profesorado y los compañeros, giraban en torno a la naturaleza esencialmente mecanicista de la vida, y se referÃan al modo de poner en funcionamiento la maquinaria orgánica del ser humano mediante una acción quÃmica calculada, después de fallar los procesos naturales. Con el fin de experimentar diversas soluciones reanimadoras, habÃa matado y sometido a tratamiento a numerosos conejos, cobayas, gatos, perros y monos, hasta convertirse en la persona más odiada de la Facultad. Varias veces logró obtener signos de vida en animales supuestamente muertos; en muchos casos, signos violentos de vida; pero pronto se dio cuenta que la perfección, de ser efectivamente posible, comportarÃa necesariamente toda una vida dedicada a la investigación. Asà mismo, vio claramente que, puesto que la misma solución no actuaba del mismo modo en diferentes especies orgánicas, necesitaba disponer de sujetos humanos si querÃa lograr nuevos y más especializados progresos. Y aquà es donde chocó, con las autoridades universitarias, y le fue retirado el permiso para efectuar experimentos, nada menos que por el propio decano de la Facultad de Medicina, el sabio y bondadoso doctor Allan Halsey, cuya obra en pro de los enfermos es recordada por todos los vecinos antiguos de Arkham.
