La llave de plata
La llave de plata —¡No! ¡No pueden comprenderlo! Es demasiado tarde… y la culpa ha sido mÃa. Coloca de nuevo la losa y corre… es lo único que puedes hacer ahora por mÃ.
El tono cambió de nuevo, esta vez adquiriendo una mayor suavidad, como de resignación sin esperanza. Sin embargo, seguÃa siendo tenso debido a la ansiedad que Warren experimentaba por mi suerte.
—¡Date prisa! ¡Corre, antes de que sea demasiado tarde!
No traté de contradecirle; intenté sobreponerme a la extraña parálisis que se habÃa apoderado de mà y cumplir mi promesa de acudir en su ayuda. Pero su siguiente susurro me sorprendió todavÃa inerte en las cadenas de un indescriptible horror.
—¡Carter, apresúrate! Todo es inútil… tienes que huir… es mejor uno que dos… la losa…
Una pausa, más chasquidos, luego la débil voz de Warren:
—Todo va a terminar… no lo hagas más difÃcil… cubre esos malditos peldaños y ponte a salvo… no pierdas más tiempo… hasta nunca, Carter… no volveremos a vernos.
El susurro de Warren se hinchó hasta convertirse en un grito; un grito que paulatinamente se hinchó a su vez y se hizo un alarido que contenÃa todo el horror de los siglos…