La Sombra sobre Innsmouth
La Sombra sobre Innsmouth No había acabado de cruzar la calle, cuando vi que a lo largo de Washington Street avanzaba un grupo procedente del distrito norte. Cuando llegaron a la amplia explanada, desde la cual acababa yo de contemplar el pavoroso panorama bajo la luna, pude fijarme en ellos sosegadamente, sin que me vieran, desde la distancia de una manzana de casas tan sólo… Me quedé aterrado ante la bestial deformidad de sus rostros, ante su forma casi animal de andar. Uno de los individuos se movía exactamente igual que un mono; sus largos brazos rozaban el suelo de cuando en cuando. Otro —envuelto en extraños ropajes y tocado con una tiara— avanzaba a saltos. Me pareció el mismo grupo que había visto en el patio de Gilman House. Era, pues, la patrulla que más seguía de cerca mis pasos. Algunos se volvieron en dirección mía, y yo me sentí traspasado de terror. Con un esfuerzo supremo, seguí la marcha bamboleante que había adoptado. Todavía ignoro si me vieron o no. Si me vieron, mi estratagema debió de dar resultado, porque cruzaron la explanada sin cambiar de dirección y sin dejar de gruñir y farfullar en una jerga gutural y repulsiva absolutamente incomprensible.