La Sombra sobre Innsmouth
La Sombra sobre Innsmouth Cuando apareció de nuevo la vista de la mar —esta vez a la derecha— me hice el firme propósito de no mirar. Pero fue inútil. Mientras caminaba con paso vacilante, pegado a las fachadas, me volvía de cuando en cuando y miraba de reojo. No había ningún barco a la vista, lo que, a decir verdad, no me sorprendió. En cambio me quedé perplejo al descubrir un bote de remos que ponía proa a los muelles abandonados. Iba cargado con un bulto envuelto en un paño de hule. Los remeros, cuyas siluetas se vislumbraban a lo lejos, tenían un cuerpo particularmente deforme. Aún se distinguían algunos nadadores en el agua. Muy lejos, en el negro arrecife, se veía un débil resplandor fijo, distinto de la luz parpadeante que había observado anteriormente. Era un resplandor extraño, de un color que me fue imposible identificar. Por encima de los tejados asomaba la alta cúpula del Gilman, completamente oscura. El olor a pescado, que había disminuido últimamente, comenzó pronto a dejarse sentir con una intensidad insoportable.