Las Ratas en las paredes
Las Ratas en las paredes Ahora debo meditar detenidamente lo que digo y elegir con sumo cuidado las palabras.
Tras abrirnos paso unos escalones a través de los roÃdos huesos, vimos una luz frente a nosotros; no se trataba de una fosforescencia mÃstica ni nada por el estilo, sino de luz solar filtrada que no podÃa proceder sino de ignotas fisuras abiertas en el precipicio que se erigÃa sobre el desolado valle. No tenÃa nada de particular que nadie desde el exterior hubiera parado mientes en aquellas rendijas, pues aparte de estar el valle totalmente despoblado la altura y pendiente del precipicio eran tales que sólo un aeronauta podrÃa estudiar su cara en detalle. Unos pasos más y nuestro aliento quedó literalmente arrebatado ante el espectáculo que se nos ofrecÃa a la vista; tan literalmente, que Thornton, el investigador de lo sÃquico, cayó desmayado en los brazos del aturdido expedicionario que marchaba detrás suyo. Norrys, con su rechoncha cara totalmente lÃvida y fláccida, se limitó a lanzar un grito inarticulado, y en cuanto a mà creo que emità un resuello o siseo y me tapé los ojos.