Mas alla de los eones y otros escritos
Mas alla de los eones y otros escritos Habiendo escuchado cuanto Haines tenÃa que decirme, enderecé mi silla y eché un vistazo a mi reloj. Era ya tarde avanzada.
—¿A cuánto está la iglesia de aquÃ? —pregunté—. ¿Cree que podrÃa llegar antes de que oscureciera?
—¡Seguro, hombre, que no piensa ir allà en plena noche! ¡Ese no es un buen lugar! —el viejo tembló perceptiblemente con todo su cuerpo y medio se alzó de su silla, tendiendo una mano flaca, como para detenerme—. ¡Ni se le ocurra! ¡SerÃa una locura! —exclamó.
Me reà de sus miedos y le dije que, ya que estaba allÃ, pensaba encontrarme con el viejo sacristán esa misma tarde y sacarle toda la información cuanto antes. No estaba dispuesto a aceptar como verdades las supersticiones de paletos ignorantes; por lo que estaba seguro de que todo lo que acababa de oÃr no se debÃa más que a una concatenación de sucesos que la exuberante imaginación de la gente de Daalbergen habÃa ligado con su mala suerte. No sufrÃa de ninguna sensación de miedo u horror al respecto.