Mas alla de los eones y otros escritos
Mas alla de los eones y otros escritos El sacristán acudió al pueblo al día siguiente antes de su habitual viaje semanal y de mucho mejor humor de lo que era habitual. Parecía dispuesto a la charla, e insistió en que Vanderhoof había muerto el día anterior, y que lo había enterrado junto a la tumba del reverendo Slott, cerca del muro de la iglesia. Sonreía de vez en cuando, y agitaba las manos presa de un júbilo inexplicable y fuera de lugar. Estaba claro que la muerte de Vanderhoof le producía una alegría perversa y diabólica. Los aldeanos se percataron de un algo extraño y añadido en su presencia, y lo evitaron cuanto pudieron. Habiendo muerto Vanderhoof, se sentían aún más inseguros que antes, ya que el viejo sacristán tenía ahora las manos libres para lanzar los peores hechizos contra la aldea desde la iglesia, cruzando el pantano. Musitando algo en un idioma que nadie pudo entender, Foster se volvió por el camino que cruzaba el baldío.
Fue entonces, al parecer, cuando Mark Haines recordó haber oído hablar al reverendo Vanderhoof de mí, su sobrino. En consecuencia, Haines me envió recado, esperando que pudiera saber algo que arrojase luz sobre el misterio de los últimos años de mi tío. Le aseguré, sin embargo, que yo no sabía nada de mi tío o su pasado, excepto que mi madre lo describía como un gigante con poco valor y voluntad.