Mas alla de los eones y otros escritos
Mas alla de los eones y otros escritos Fui a ver a Nyarlathotep en el cálido otoño, en mitad de la noche, entre inquietas multitudes, a través de la noche sofocante y subiendo escaleras interminables hasta llegar a una estancia asfixiante. Y, ensombrecidas en la pantalla, vi figuras encapuchadas entre ruinas, y malignos rostros amarillos acechando desde detrás de caídos monumentos. Y vi al mundo combatiendo contra la negrura, contra las olas de destrucción del espacio supremo; retorciéndose, revolviéndose, debatiéndose en torno a un sol que menguaba y enfriaba. Luego, las chispas danzaron de forma asombrosa en torno a la cabeza de los espectadores, y el pelo se nos puso de punta mientras sombras más grotescas de lo que podría describir llegaban para instalarse sobre nuestras cabezas. Y cuando yo, más científico y frío que el resto, musité una trémula protesta acerca de «impostura» y «electricidad estática», Nyarlathotep nos condujo a todos fuera, bajando las vertiginosas escaleras, hasta llegar a las húmedas, calientes y abandonadas calles de la medianoche. Grité bien alto que no tenía miedo, que nunca tendría miedo, y otros me corearon. Nos juramos unos a otros que la ciudad era exactamente la misma y que aún seguía viva; y cuando las luces eléctricas comenzaron a desvanecerse, empezamos a maldecir sin descanso, y nos reímos de las extrañas caras que temamos todos.