Mas alla de los eones y otros escritos
Mas alla de los eones y otros escritos El doctor Johnson, tal y como le vi por primera vez, era un personaje gordo y chaparro, muy mal vestido, de un aspecto desaseado. Recuerdo que gastaba un pelucón enmarañado, suelto y sin espolvorear, que le venía pequeño a la cabeza. Sus ropajes eran de un pardo herrumbroso, muy deteriorados, y a falta de más de un botón. Su rostro, demasiado lleno para ser agraciado, estaba además marcado por los efectos de algún desorden glandular, y su cabeza se agitaba de continuo, presa de una especie de convulsión. Ya sabía yo de todo eso, no obstante, de labios del propio Pope, que se había cuidado de hacer indagaciones.
Teniendo setenta y tres años, diecinueve más que el doctor (y digo doctor aunque tal distinción no llegó hasta dos años más tarde), esperaba, desde luego, alguna consideración a mis años, y no le tenía tanto miedo como otros. Cuando le pregunté qué pensaba de mi comentario favorable acerca de su diccionario en el Londoner, mi periódico, me contestó:
—Señor mío, no recuerdo haber ojeado su periódico, y no tengo ningún interés en las opiniones de la parte menos severa de la humanidad.