Mas alla de los eones y otros escritos
Mas alla de los eones y otros escritos Asà que, durante generaciones, el santificado cráneo de Cayo Anicio Magno Furio Camilo Emiliano Cornelio Valerio Pompeyo Jubo Ibidus, cónsul de Roma, favorito de emperadores y santo de la Iglesia romana, yació oculto bajo el suelo de una ciudad en crecimiento. Al principio fue adorado, mediante ritos oscuros, por los perros de la pradera, que vieron en él una deidad enviada desde el mundo superior, pero luego cayó en el más profundo olvido, al tiempo que los simples y desangelados habitantes de las madrigueras sucumbÃan ante las embestidas de los conquistadores arios. Se abrieron alcantarillas, pero no llegaron hasta él. Se levantaron casas —2.303 o más—, y al cabo, una noche espantosa, tuvo lugar un suceso titánico. La mÃstica naturaleza, convulsa por un éxtasis espiritual, como la espuma de esas primitivas bebidas de la región, abatió lo elevado, elevo lo abatido y… ¡alejop! Cuando llegó el alba rosada, los burgueses de Milwaukee se levantaron para encontrar ¡una primitiva pradera convertida en tierras altas! Inmensa, hasta más allá de la vista, habÃa resultado la zona tocada por el gran alzamiento. Los arcanos subterráneos, ocultos durante años, habÃan salido por fin a la luz. Y allÃ, intacto en mitad del quebrado camino, ¡descansaba blanqueada y tranquilamente con santificada y consular pompa el redondeado cráneo de Ibid!