Mas alla de los eones y otros escritos
Mas alla de los eones y otros escritos El interior estaba lleno de un olor rancio y mohoso. Todo cuanto tocaba estaba cubierto de una suciedad fría y húmeda. Encendí una cerilla y comencé a explorar en busca de cómo, si es que tal cosa era posible, llegar al campanario. De repente, me detuve.
Un retazo de canción, alta y obscena, entonada por una voz que el alcohol trocaba en gutural y grave, me llegó desde más adelante. La cerilla me quemó los dedos y la dejé caer. Dos puntos de luz surgieron en la oscuridad del muro más lejano de la iglesia y, bajo ellos, en un lado, pude ver una puerta que se perfilaba gracias a la luz que salía por debajo. La canción se detuvo de forma tan abrupta como había comenzado, y de nuevo reinó el silencio más completo. El corazón me martilleaba y la sangre golpeteaba en mis sienes. De no haber quedado petrificado por el miedo, hubiera salido corriendo de inmediato.
Sin ni siquiera encender otra cerilla, fui tanteando entre los bancos hasta llegar a la puerta. Tan hondo era el sentimiento de aprensión que me asaltaba que sentía como si estuviese en un sueño. Mis actos eran casi involuntarios.