Mas alla de los eones y otros escritos
Mas alla de los eones y otros escritos La botella que tenía en la mano estaba calentándose. La miré, espantado. Resplandecía con débil fosforescencia. Lleno de miedo, la dejé en la mesa, pero no podía apartar los ojos de ella. Hubo un ominoso momento de silencio mientras se volvía cada vez más brillante, y luego llegó hasta mis oídos, con claridad, el sonido de tierra removida. Boqueando, me acerqué a mirar a la ventana. La luna estaba ahora alta en el cielo y, gracias a su luz, pude ver que la cruz nueva situada sobre la tumba de Vanderhoof había caído del todo. De nuevo me llegó el rechinar de la grava y ya no pude controlarme por más tiempo, por lo que me lancé tambaleante por las escaleras y escapé por las puertas. Fui corriendo por el suelo desigual, cayendo de vez en cuando, lleno de abyecto terror. Cuando llegué al pie del montículo y de la entrada de ese tenebroso túnel bajo los sauces, escuché un horrible rugido a mis espaldas. Me giré y miré hacia la iglesia. Su muro reflejaba la luz de la luna y, silueteada contra el mismo, había una sombra gigante, negra y espantosa que salía de la tumba de mi tío y avanzaba torpemente hacia la iglesia.